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Otoño expositivo en Madrid

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Autor: Pedro Medina
12/12/2025

Panorama extraordinario de exposiciones en Madrid, con nombres propios como Juan Muñoz y atractivas exposiciones en fundaciones como ICO o Mapfre –reseñadas en mi perfil de FB–, además de las que destacamos aquí.

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"La Verbena". Maruja Mallo

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Maruja Mallo en el MNCARS
Tras un excelente inicio de temporada en Madrid, en el que han destacado galerías como T20, Mira1Madrid o Ponce y Robles, además de muestras sorprendentes, como ‘Desenfocado’ en Caixa Forum, la temporada ha continuado fabulosamente y ahora mismo Madrid tiene una oferta artística magnífica.

Empezamos este repaso con lo que era una asignatura pendiente del Reina Sofía: Maruja Mallo. La exposición está siendo un éxito de público y no sorprende, viendo su calidad y recorrido, el análisis de su trayectoria, ofreciendo bocetos y procesos, la construcción de su divismo, su fecunda colaboración con la ‘Revista de Occidente’…
Se podría abundar en el contexto con diálogos directos con más artistas y no principalmente de forma documental, pero, en cualquier caso, es una muestra fabulosa, siendo una de las citas imprescindibles si se visita la ciudad.

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Vista general de la exposición en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Foto: Pedro Medina

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¡Aquí hay petróleo! en el Círculo de Bellas Artes
Javier Vindel es conocido por una intensa investigación, que se podría resumir de la siguiente forma: durante el franquismo el imaginario de progreso se construyó en estrecha relación con la cultura material y simbólica del petróleo. El régimen proyectó una imagen de modernización técnica e industrial basada en la expansión energética y en el consumo de derivados petrolíferos, ocultando así su carácter autoritario y atrasado. El petróleo funcionó como emblema de modernidad y promesa de bienestar, reforzando una estética oficial que celebraba la velocidad, la infraestructura y la abundancia energética. Vindel muestra cómo este imaginario enmascaró la dependencia exterior y contribuyó a naturalizar un modelo extractivo y desarrollista que perduró en la Transición y más allá.

El texto de entrada a la exposición lo confirma, pues “aborda las relaciones entre los combustibles fósiles, las formas contemporáneas del poder y los imaginarios del deseo. Con esa intención, se centra en la historia cultural de la modernidad industrial en España, en particular, durante el franquismo. El recorrido reúne toda una serie de materiales fotográficos, cinematográficos y de documentación, en buena medida inéditos, fruto de un exhaustivo trabajo de investigación en diversos archivos. Incluye también una recreación a escala de un edificio simbólico de la tecnociencia española como es el Instituto Técnico de la Construcción y del Cemento (ITCC), así como un montaje experimental que actualiza algunas de las tesis que presenta la exposición”.

Se puede suponer que desde este planteamiento y campo de estudio son muchas las tramas que ayudan a construir la imagen del franquismo como motor de progreso, vinculándose a las relaciones coloniales, las políticas energéticas e incluso la apertura al turismo.

Para mostrar todo ello, la exposición se organiza en varias secciones la primera se centra en el INI, creado en 1941, con la pretensión de impulsar desde el Estado la creación de empresas públicas que aceleraran el proceso de industrialización de España, que pretende dejar atrás la imagen de atraso del país. Sigue el coche de combustión como “potencia y deseo en el franquismo”, un gran modelo de avance, al mismo tiempo que se construye el imaginario del hombre motorizado del nacionalcatolicismo como la prolongación apaciguada de la cruzada por la libertad que había representado la Guerra Civil. Se rastrean también las cartografías de la “modernidad fósil”. Y todo ello va consolidando una “estética productivista”, entendida como “política de la imagen”. La investigación finaliza con una muy elocuente apartado, titulado “Petromasculinidad y fascismo fósil”, que aúna muchos símbolos de las secciones anteriores dentro de la lógica donde la masculinidad se une a varios medios motorizados (del tractor al avión) para volver evidente cómo los imaginarios determinan nuestro discurrir cotidiano.
En un día como hoy, exposiciones como esta plantean la necesidad de reflexionar sobre los imaginarios heredados, para proponer otros lugares donde confluya lo común, más allá del escenario que el Estado alza para justificar su existencia.


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Martín Chirino en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Foto: Pedro Medina

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Martín Chirino en el Círculo de Bellas Artes

Delicada y elocuente exposición sobre Martín Chirino la que se puede ver ahora en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Muestra perfectamente por qué el artista canario es conocido como uno de los creadores más impactantes gracias al desarrollo de una particular poética del metal. Con este fin, la muestra se convierte en un dispositivo que rastrea sutilmente fuentes, inspiraciones y perspectivas, que van de lo cotidiano a la transformación de formas naturales en simbólicas.

En primer lugar, la relación se establece con herramientas necesarias y humildes: “Mi escultura se aproxima más a las herramientas en sus orígenes. Está hermanada con el arado o la reja. Mi obra podría tener lo que esos instrumentos tienen de prolongación humana. Unen al hombre a la tierra en una armoniosa y necesaria tarea. Ella también -la escultura- va entrelazada con el espíritu humano en su dimensión más radical, la de los aperos...”.

Con estas palabras se abre una línea expresiva que logra que lo útil trascienda hasta convertirse en símbolo, gracias al refinado uso del metal para “dibujar en el aire” -como decía Julio González-, especialmente esas espirales que remiten a tantos significados y proporcionalidades, desde runas ancestrales al desarrollo de la proporción divina, como afirmaría Luca Pacioli, de una espiral similar -pero no igual- que desarrolla la secuencia de Fibonacci.

Chirino, en cambio, hunde sus raíces en el pueblo. Con esta inspiración halla una sensualidad cuya consistencia es la del viento y la del aliento que conoce epifanías. En efecto, como reconoce el comisario, es “una encarnación de la potencia del caos y de su resolución en momentos de suspensión plenos de belleza”.

Desde esta fascinante forma, se asoma al origen, lo envuelve, lo abraza, sin sentir el abismo de su visión, sino el consuelo de la reconciliación con la naturaleza. Si lo logramos, será entonces cuando descubriremos la “memoria del círculo”.
Comisariado: Fernando Castro Flórez.

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Warhol Pollock. Foto: Pedro Medina

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Warhol, Pollock y otros espacios americanos en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
La exposición en el Museo Thyssen de Madrid es un encuentro tan fascinante como inesperado, debido a que tradicionalmente se han considerado opuestos el expresionismo abstracto y el arte pop y, por tanto, también sus dos máximos representantes: Jackson Pollock y Andy Warhol.

Además de contar con muchas obras representativas de ambos autores, lo revelador es que estas se hallan dispuestas de tal forma que establecen, con mucha solvencia, significativas correspondencias y elocuentes constelaciones de argumentos. De esta manera, una puesta en escena prodigiosa muestra la contemporaneidad de sus autores y la lucidez que también aporta la inclusión de otros artistas, como Sol LeWitt y Mark Rothko.

De hecho, el final del recorrido, donde dialoga una obra de Rothko con las “sombras” de Warhol, logra una atmósfera realmente emocionante, que culmina un recorrido lleno de momentos sobrecogedores y secuencias reveladoras.

En conjunto, la brillante lectura que propone esta ambiciosa y estimulante exposición destierra la idea de una escritura de la historia como choque dicotómico de movimientos. Da lugar así a nuevas perspectivas y “coros”, que invitan a replantear la historia del arte, celebrando la complejidad y diversidad de sus voces.
Comisariado: Estrella de Diego

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Robert Rauschenberg en la Fundación Juan March. Foto: Pedro Medina

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Robert Rauschenberg en la Fundación Juan March

Una de las mejores exposiciones actualmente en Madrid es “Robert Rauschenberg: el uso de las imágenes”, retrospectiva con la que la Fundación Juan March celebra el centenario del nacimiento del artista estadounidense.

El punto de partida es considerar su obra como una práctica esencialmente fotográfica. De hecho, el propio artista ya afirmó que “es la experiencia de tomar fotos la que mantiene mi mente abierta a la captación de imágenes imprevistas, incontrolables, y la que me permite después usarlas en bruto o dejar que sean digeridas en una cacofonía configurada por otros detalles”. 

Lejos de una retrospectiva tradicional jalonada por grandes éxitos, la exposición sirve para analizar su trayectoria como un excepcional laboratorio donde la imagen es reutilizada, transformada y reinterpretada, usando objetos encontrados y técnicas mixtas, como en sus famosos ‘Combines’, o sirviéndose de serigrafías o fotocopias, al mismo tiempo que reflexionaba sobre las posibilidades expresivas de distintos materiales.

Como cuenta la comisaria: “El uso que Rauschenberg hizo de las imágenes no solo formó parte de su interés por experimentar con técnicas novedosas, sino que a la hora de distribuirlas se rigió por un principio, que denominó ‘random order’ u orden aleatorio, aparentemente anárquico, pero provisto en realidad de una lógica interna (y confesada). Esta especie de orden sin jerarquías confirió a sus obras una gran fuerza visual. Con la profusión de imágenes que empleó en ellas, el artista se adelantó a su tiempo y anticipó el despliegue apoteósico de imágenes que caracteriza la cultura contemporánea”.

Se destaca así el paso de recortes de prensa en sus ‘Combines’ al uso sus propias fotografías para crear imágenes más íntimas y personales. También se resalta el carácter disruptivo de su trabajo, al emplear imágenes de forma libre, sin jerarquías fijas, lo que le permite desafiar conceptos tradicionales sobre lo que podemos considerar “artístico”.

Con un montaje ejemplar –que permite divisar simultáneamente distintas series y ahondar en ellas a través de significativos documentos de los archivos de la Robert Rauschenberg Foundation–, esta muestra toma partido por una visión que destaque la dimensión multidisciplinar y experimental como una constante en la trayectoria del artista. Se aprecia desde la versatilidad de sus primeras fotografías hasta sus proyectos internacionales, como la serie ‘ROCI’, reflejando su compromiso social y político.

También destaca cómo su obra actúa como un diálogo constante con el mundo real, trasladando lo imprevisto a nuevas formas expresivas y técnicas poco convencionales. De esta manera, la muestra no solo revisa su legado, sino que invita a pensar la extraordinaria capacidad del arte para resignificar objetos y materiales, aportando significados complejos y actuales.

En definitiva, esta magnífica exposición plantea perspectivas experimentales desde las que reflexionar sobre el fluir impetuoso de imágenes de nuestra actualidad. Con ella se busca un sentido frente a la hipertrofia, mientras se disfruta de las posibilidades expresivas que ofrece, siendo muy conscientes de un hecho: la fotografía ha sido, desde su invención, un elemento central en la comunicación y una piedra angular de la cultura óptica.

Comisariado: Inés Vallejo

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FOD en Centro Centro. Foto: Pedro Medina

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FOD en Centro Centro

Para el final del recorrido madrileño he dejado una exposición que representa perfectamente un ámbito artístico y conceptual que cada vez me interesa más: “lo liminal”, entendido como lo que habita un límite para deshacerlo, para configurar un umbral que conecta dos realidades anteriormente separadas. Esto se puede comprender de muy diversas formas: obras que oscilan entre lo figurativo y lo abstracto, comportamientos artísticos que disuelven las separaciones disciplinares, aquellas prácticas artísticas que interrumpen flujos comunicativos, o incluso esos espacios vacíos que suelen indicar una transición…

Me atrae especialmente el espacio liminar como condición contemporánea y ámbito donde pueden germinar otras posibilidades. Además, en autores como Arnold van Gennep o Victor Turner, esta apertura se puede relacionar directamente con una ‘communitas’, porque desestructura las prácticas sociales heredadas. Se puede decir entonces que es de nuestro “interés” (‘inter esse’, lo que está entre, concierne a diversas personas o pone en relación a varios), para entrar en contacto con otros y para no sucumbir al flujo de la cotidianidad, “inter-rumpiéndolo”. Por tanto, su ámbito de acción natural es el que reconfigura el vacío para que nos permita conectar distintas realidades.

FOD lleva años desarrollando un discurso donde se relacionan arquitectura y geometría, línea y simetría, reflejando su liminalidad desde los primeros momentos en los que –como pintor– representaba arquitecturas y, más adelante, cuando empezó a abordar sus instalaciones desde un lenguaje pictórico. Ahora se halla generando pinturas y esculturas de posibles “arquitecturas inventadas”, incluso soñadas.

Se podría decir que con ello es capaz de situarse en un territorio “ficcional”, cuya etimología se remonta al verbo latino ‘fingere’, del que se deriva su significado como “modelar, formar, representar”, y de ahí “preparar, imaginar, disfrazar, suponer…”.

Asimismo, en esta prodigiosa exposición, que se podría considerar una retrospectiva, se despliega –con una asombrosa maestría para adaptarse a un espacio complicado–, una particular forma de habitar lugares, no solamente atendiendo a su dimensión construida, sino también a sus intersticios, esos vacíos que también son parte estructural que cualquier volumen.

Por ello, la exposición que se puede contemplar en Centro Centro es una oportunidad para observar cómo la desarticulación de la geometría crea otros espacios, pasando del plano opaco de una superficie a la construcción de un “habitáculo”. De hecho, como confiesa el mismo artista respecto al “habitar”, este “ha sido un concepto muy presente en mi trayectoria, donde los elementos arquitectónicos se asumen desde el reflejo de estructuras al uso de determinados materiales de construcción, siempre manteniendo un lenguaje pictórico, para intentar establecer un lugar y no solamente su muestra”.

En definitiva, esta exposición nos dona un panorama extraordinario de la investigación formal del artista sobre los modos de construir y habitar el ámbito urbano en torno a la geometría que lo conforma.No os la perdáis.

Comisariado: Óscar Alonso Molina

Publicado orginalmente en Artecontexto.

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